Hoy te propongo un gesto simple y poderoso: escribir una carta. Una carta de Navidad. No una felicitación, sino una carta verdadera. Para alguien que fue, que es, que tal vez no está o que está muy presente.
La escritura epistolar tiene algo mágico. Al escribir, imaginamos al otro leyendo. Y esa imaginación activa el corazón, las emociones, los recuerdos.
Este episodio está dedicado a explorar cómo una carta puede sanar vínculos, tender lazos, cerrar ciclos, iniciar otros.
1. ¿A quién escribir?
A veces la persona aparece enseguida: un padre, una amiga, alguien que falleció, un amor lejano. Otras veces no es tan claro. Puedes escribirle a alguien con quien hace tiempo no hablas, o a quien te hubiera gustado conocer más.
También puedes escribir a alguien simbólicamente: a tu infancia, a tu yo de hace diez años, a tu futuro lector.
Elige con el corazón. La Navidad es una época propicia para volver a mirar.
2. ¿Qué tono elegir?
No hay una sola forma de escribir esta carta. Puede ser tierna, divertida, nostálgica, confesional. Elige el tono que te resulte natural, pero sincero.
Puedes comenzar con un recuerdo, o con una frase de agradecimiento, o con una confesión. No importa si la carta se envía. El gesto de escribirla ya transforma.
3. Estructura sugerida
- Comienza con un saludo personalizado.
- Recupera una escena o anécdota que comparten.
- Expresa lo que sientes o quisieras decir.
- Agradece, si puedes.
- Cierra con un deseo: para la persona, para ti, para el vínculo.
- Recuerda que lo importante no es la perfección estilística, sino la autenticidad.
A modo de ejemplo…
Querido abuelo:
Esta es la primera Navidad sin ti, y el silencio en la mesa es más fuerte que los villancicos. Aún espero tu chiste malo del brindis.
Gracias por enseñarme a pelar mantecados sin romperlos, por tus historias repetidas y tu risa con eco.
Brindo por ti, con turrón en la boca y los ojos húmedos.
Con amor,
Propuesta de escritura
Hoy, encuentra un lugar tranquilo, toma papel y pluma, y escribe esa carta. No importa a quién. Deja que la emoción guíe tus frases. Al terminar, decide: ¿la enviarás? ¿la guardarás? ¿la leerás en voz alta junto al árbol?
Haz de esta carta tu regalo más íntimo.
